En 1924, en la ciudad de Chicago, surgió por primera vez la idea del autolavado de coches. Nada que ver con los modernos sistemas automáticos de nuestros días. Una plaza inundada de agua y varios coches dando vueltas a su alrededor para despegar, de ruedas y bajos, el estiércol que llenaba las calles de la ciudad. Algo habitual, ya que en aquellos días aún había más carruajes tirados por caballos que coches.
Pero lo importante es que aquella magnífica idea funcionó, se expandió y evolucionó. Lo hizo en Alemania, en año 1962, donde surgieron los primeros lavaderos automatizados. Más de medio siglo después, solo en España, según datos del sector, ya alcanzamos los 400 millones de lavados al año. Un 40% de esa cantidad se realizan en túneles de lavado.
Por comodidad, accesibilidad, eficacia y economía, los conductores suelen aprovechar su paso por las estaciones de servicio para que los rociadores de espuma activa, los rodillos, los enceradores y los secadores dejen sus vehículos como los chorros del oro. Los fabricantes de boxes de lavado reconocen esta tendencia.
¿Tienes una estación de servicio aún sin túnel de lavado? Es el momento de apostar por el futuro. Los conductores lo demandan cada vez más. En la fabricación de túneles de lavado no solo se incorporan innovaciones tecnológicas de última generación, con diseños corporativos personalizados; también hay que destacar su decidida apuesta por la ecología y el cuidado del medioambiente, tanto por la elección de materiales y componentes como por la optimización de recursos, como el agua y la electricidad.

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